3.4.3. Otras condiciones de accesibilidad

3.4.3.1. Acústicas

En general, las condiciones acústicas de los entornos escolares y de las aulas suelen ser muy desfavorables para la escucha y la inteligibilidad del habla. Esto se debe al ruido ambiente exterior e interior del aula, provocado por los materiales que revisten estos espacios, el mobiliario y el equipamiento de los mismos; el material escolar y el ruido producido por los propios alumnos; y la distancia entre el alumno con problemas auditivos y el profesor por su ubicación en el aula.

Si no se cuidan determinadas condiciones de insonorización y reverberación, el alumnado con discapacidad auditiva se ve especialmente perjudicado. Y no sólo quienes presentan sorderas severas o profundas, sino también quienes tienen sorderas leves y moderadas o problemas auditivos transitorios debidos a otitis, catarros, alergias, etc. tan frecuentes entre la población infantil. En estos casos, el perjuicio puede ser, a priori, menos evidente, pero no menos negativo, especialmente si hablamos de los primeros niveles de escolaridad (que es cuando se adquieren los aprendizajes básicos sobre el lenguaje y la lectoescritura).

Para que la voz del profesor sea inteligible, incluso en el caso de la audición normal, debe ser de 15 a 20 decibelios más fuerte que el ruido de fondo, sin embargo, el nivel de ruido habitual en las aulas es de 60 dB y la relación señal-ruido no alcanza los 5dB, ya que el profesor mantiene un tono promedio de 65dB. Son, entonces, fácilmente imaginables las dificultades de comprensión e inteligibilidad que se plantean al alumnado con déficits auditivos. Por otra parte, además, para un niño sordo el tiempo de reverberación en el aula debería ser inferior a 4 segundos, sin embargo, habitualmente es de 8 segundos. (Roselló, 2004)

La intensidad de la voz del profesor se reduce a medida que aumenta la distancia entre éste y los alumnos, de ahí la importancia de la ubicación del alumnado sordo en el aula. El ruido de fondo exterior penetra en las aulas por paredes y ventanas que no estén protegidas por material reflectante que dificulte el paso del mismo. El ruido de fondo interior en el aula es importante si no se protegen las patas de pupitres y sillas con fieltros que eviten el ruido al desplazarlos, si no se evitan los materiales metálicos, si hay aparatos de aire acondicionado, etc Procurar que el conjunto de las condiciones ambientales sean favorables a la óptima audición, es lo que se ha dado en llamar la “ecología en el aula”. (Proyecto de Recomendación del Bureau Internacional de Audiofonolgía-BIAP, 09/10-4)

Aunque los sistemas de FM o el bucle magnético vienen a solventar parte de todos estos inconvenientes, es importante para el alumnado con problemas auditivos -también para el conjunto del alumnado- mejorar las condiciones de acústica de las aulas.

3.4.3.2. Visuales

El alumnado con discapacidad auditiva necesita en su entorno mayor proliferación de elementos informativos:

  • Murales ilustrativos de los contenidos que se trabajan en el aula.
  • Paneles informativos y señalización que le permitan situarse y orientarse en sus desplazamientos.
  • Rótulos informativos que transcriban los avisos dados por megafonía.
  • Timbres y sistemas de alarma que combinen la alerta acústica con la visual.
Así mismo es importante la óptima iluminación de los espacios y la adecuada visibilidad de los interlocutores y fuentes de información en cada caso.

3.5. DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN A LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO.

Un nuevo contexto educativo y las nuevas necesidades del actual alumnado con discapacidad auditiva nos plantean a los profesionales de la educación nuevos desafíos que, asumiendo los principios de normalización, integración e inclusión educativa, nos hacen transformar el papel tradicional de meros transmisores de información y de datos.

Inmersos en la Sociedad de la Información, podemos llegar a confundir y desaprovechar las grandes posibilidades que ésta nos ofrece, convirtiéndonos en generadores de grandes “bases de datos” en nuestros alumnos y estando más preocupados y ocupados en el acceso a la información que en la información misma y en la elaboración del conocimiento. Habremos por ello de acompañar el “saber más” con el “saber mejor” y llevar a estos alumnos de la Sociedad de la Información a la Sociedad del Conocimiento: a la autonomía en el aprendizaje, a la profundización de la información y a la construcción del conocimiento.

Este es el reto para muchos. Sin duda tiene que serlo para un profesorado que ha de adecuarse al sistema educativo y que ha de desarrollar nuevas habilidades (actitudinales, cognitivas, metodológicas, instrumentales) para que, en ningún caso, su techo competencial sea el techo de desarrollo de sus alumnos ni un recorte en sus oportunidades.

A lo largo de este capítulo, junto con los datos más descriptivos sobre el marco normativo y los medios técnicos al alcance del alumnado con discapacidad auditiva, hemos pretendido aportar información que ayude a conocer algo más sobre el porqué y para quién estos recursos. A veces centrados en el producto, se corre el riesgo -real- de alejarse de quien es su destinatario, el objeto y la razón de ser del mismo. El conocimiento sobre el alumnado con discapacidad auditiva en su diversidad, el salto cualitativo intergeneracional que se hace ya patente en muchos niños y adolescentes sordos, su realidad educativa y social, es lo que puede dar sentido a la planificación de recursos, al diseño de nuevas ayudas tecnológicas y a la previsión de formas de acceso y uso a los mismos en contextos educativos normalizados y compartidos.

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