4.6. IMITACIÓN E INTELIGENCIA AGRESIVA: MODELOS Y EXPERIENCIAS

Han sido ya suficientes los trabajos que nos muestran cómo los niños pequeños imitan y aprenden conductas agresivas. Los diseños experimentales de Bandura (1965) sobre el papel de la incentivación en los procesos de imitación de las conductas agresivas nos han servido para comprobar en qué medida la imitación de modelos, observados en una pantalla, tenían un poder modificador de la conducta cognitiva infantil. En efecto, Bandura (1965) se propuso estudiar la influencia de modelos en el comportamiento imitativo infantil en relación con tres situaciones diferentes del refuerzo (reinforcement contingencies).
           
Con este motivo, ofreció una película a tres grupos de niños y niñas, de edad preescolar. La primera parte de la película, era idéntica para todos: los pequeños contemplaban cómo un hombre entra en una sala de juego y se dedica a propinar una paliza a un gran muñeco de goma, siendo agresivo tanto en los actos como en las expresiones verbales: “...el modelo reclinaba al muñeco, se sentaba sobre él y le pegaba en la nariz, mientras decía: “¡Pum, justo en la nariz, pum, pum!” (Bandura, 1965, p. 590).
           
La segunda parte, sin embargo, era diferente para cada uno de los tres grupos. El primer grupo veía cómo el sujeto agresivo era felicitado con entusiasmo de modo verbal y con gestos por otro personaje adulto que entraba en escena una vez terminada su labor. El segundo grupo contemplaba cómo el modelo agresor era después duramente castigado y regañado por el mismo personaje adulto, a causa de  lo que había hecho y acababa, por su parte, recibiendo otra paliza. El tercer grupo de preescolares se quedó sólo con la primera parte del film ya que el matón protagonista no obtuvo ni premio ni castigo por lo que había hecho y su acción no tuvo ningún tipo de consecuencias.

Los niños fueron finalmente conducidos a la misma sala de juegos en la que "casualmente" se hallaba el muñeco de la película. Una cámara oculta iba a ser ahora testigo de las respuestas imitativas de los tres grupos de niños. Como era de esperar, el grupo que ofreció más respuestas de imitación fue el primero. Sin embargo, cuando esas mismas respuestas agresivas fueron intencionalmente incentivadas por los experimentadores, que les animaban a que contasen lo que habían visto y oído, todos los niños y niñas demostraron, en los tres casos, haber aprendido inteligentemente los comportamientos violentos observados, animándose a imitar al modelo matón de la película. La conclusión que podemos sacar, entonces, es que las conductas violentas se aprenden siempre, con independencia del tratamiento posterior que obtengan, y se reproducen cuando son incentivadas.
           
Como dato curioso se hace necesario resaltar que la experiencia dejó demostrado que las niñas son igual de violentas que los niños, pero suelen ejercer tales respuestas de un modo más inteligente, cuando ellas creen que no son observadas por los adultos. Recuérdese que en la fecha del experimento de Bandura, en 1965, los modelos agresivos femeninos prácticamente no existían, al contrario que hoy, en las producciones de la industria cinematográfica.
           
De este modo, Bandura y Walters (1963) iniciaron el proceso de indagación acerca de cómo sucede el aprendizaje social a través de la imitación de modelos, de ese proceso que la psicología anglosajona designa con el nombre de modelling. Estos autores se preguntaron, en particular, cómo afecta el proceso de "modelado" al desarrollo social infantil de la personalidad. Parece claro, en primer lugar, que el mecanismo psíquico de la imitación de modelos no atiende tanto a la mera identificación con el personaje a imitar como a la aceptación social que dicha conducta encuentra en el contexto general de la historia de la película que se está viendo. Mowrer (1960), en su teoría de la imitación, basada en el aprendizaje por empatía, destacó que, en una película, no es el acto violento en sí lo que más atrae al observador infantil del modelo agresivo, sino más bien las respuestas favorables que el modelo obtiene de parte del medio en que se realiza la acción.
           
El consenso favorable del medio actúa de esta manera como una pauta de refuerzo positivo que estimula la emulación infantil modificando su conducta, ya que los niños buscan en la repetición de la acción agresiva los mismos resultados de éxito que su modelo. Se imita a un modelo violento porque su actitud se acepta como un modo atractivo de entretenimiento en el medio en que se manifiesta, que es -por otra parte- un medio de comunicación que se valora socialmente con una consideración muy positiva. Si la violencia sale en el cine, eso que tanto nos gusta a todos, entonces la violencia es tan buena como el propio cine. En realidad se trata de un argumento comprensible desde el punto de vista del reflejo condicionado cognitivo. Por este motivo, aunque las actitudes agresivas fueran desaprobadas por el argumento de la película, ello no impide ni su aprendizaje, como expusimos anteriormente, ni su apetecible aceptación.
 
A partir de este primer experimento se planteó de inmediato otra cuestión de interés excepcional: ¿poseen los dibujos animados agresivos el mismo poder de seducción y de imitación que el resto de las películas? En otra experiencia realizada por nuestro equipo, e inspirada en las que realizaron estos autores, con niños y niñas del primer ciclo de escolaridad, se trataba de verificar si los personajes animados poseían, desde el punto de vista de la imitación, el mismo poder seductor de los modelos humanos.

El diseño observacional, muy semejante al que nos hemos referido con anterioridad, distribuía a los niños en tres grupos experimentales y uno de control:

  1. El primero observó modelos agresivos reales.
  2. El segundo asistió a la proyección de una película en la que aparecían esos mismos modelos en actitudes violentas.
  3. El tercero vio una película de dibujos cuyo protagonista era un personaje animado de similares características violentas.
  4. Al grupo de control no se les ofrece ningún proceso de imitación.

 

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