2.2. EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS POLÍTICAS DE EDUCACIÓN DE ADULTOS

Las primeras referencias directas sobre políticas de enseñanza de adultos las encontramos en 1792 en el Rapport presentado por Condorcet a la Convención. En el citado documento se concebía la instrucción de los adultos como un propósito expreso del poder público: "Todos los domingos, el maestro abrirá una conferencia pública a la que asistirán ciudadanos de todas las edades".

A lo largo del siglo XIX la escuela primaria va abriéndose paso en las legislaciones y en las costumbres. Para paliar la incultura de quienes no habían podido frecuentarla, o contener la degradación de los modestos conocimientos en ella adquiridos, en España se instauraron "las clases de noche y de domingo" dedicadas a la alfabetización y a la adquisición de los más elementales rudimentos de la aritmética, la gramática y la doctrina cristiana. La ley Moyano de 9 de septiembre de 1857 las perpetúa en su artículo 106 según el cual: "El gobierno fomentará el establecimiento de secciones de noche o de domingo para los adultos cuya instrucción haya sido descuidada o que quieran adelantar en sus estudios". En 1865 Luís Puig publicó el libro titulado Organización de las Escuelas de Adultos en el que expresó su preocupación por haber detectado la existencia de un cierto malestar y disgusto al visitar varias escuelas de noche, fenómeno que atribuye a que "sin organización, sin método, sin sistema determinado, sin un punto fijo en donde dirigir su mirada, el profesor enseña con desaliento y el alumno se aburre y se fastidia".

Pero serían las Universidades Populares españolas las iniciativas educativas que mayor número de adultos atrajeron a las aulas. Desde 1880, los trabajadores agrupados en las Casas del Pueblo y en los Ateneos Obreros fundan estas instituciones cuyo foco inicial fue Oviedo. Su Universidad llevó a cabo, desde la inspiración de la Institución Libre de Enseñanza, dos importantes iniciativas de formación de adultos:

  • La creación de la Extensión cultural en 1898.
  • La creación de la Universidad Popular en 1900.

Mientras que la Extensión Universitaria se concretaba en forma de conferencias impartidas en las localidades donde los obreros asociados reclamaban la colaboración del profesorado universitario, la Universidad Popular ofertaba cursos sistemáticos de Derecho, Comercio, Educación Cívica, Cosmografía y Ciencias Naturales completando su labor con el estudio de temas de actualidad tales como el socialismo, la cuestión obrera y la problemática política (Maíllo, 1969: 21-40).

Por analogía con la Extensión Universitaria en los primeros años del siglo XX empezó a hablarse de Extensión Cultural que dio origen a las popularmente conocidas Misiones Pedagógicas. Nacidas con la creación en 1907 de la Junta para el Fomento de la Educación Nacional, organismo que entre sus objetivos se responsabilizaba de la organización de tales Misiones de clara inspiración Gineriana y Regeneracionista. Las actividades desarrolladas por las Misiones iban desde la escenificación de obras teatrales a la explicación comentada de pinturas, pasando por la celebración de conferencias y de foros de debate.

Tras el paréntesis de la guerra civil española se produjo el restablecimiento transitorio de las Misiones Pedagógicas. En 1950 se creó la Junta Nacional contra el Analfabetismo que impulsó el surgimiento de iniciativas como las Escuelas de Temporada y el Programa de promoción Profesional Obrera. En 1963 la Administración Educativa dio un nuevo impulso a la alfabetización de adultos creando una campaña en la que participaron más de 5000 maestros, muchos de los cuales forman parte de las actuales plantillas de los Centros de Educación Permanente de Adultos (EPA) de todo el Estado.

La promulgación de la Ley General de Educación creó un punto de inflexión en las políticas de Enseñanza de Adultos. En efecto, los artículos 12, 44 y 45 de la citada norma hacen referencia directa a la necesidad de impulsar y organizar la enseñanza de adultos. Tan nobles intenciones comenzaron a concretarse en la Orden de 5 de marzo de 1974 por la que se aprueban las Orientaciones Pedagógicas para la Educación Permanente de Adultos. Esta norma establece una estructura organizativa de la Enseñanza de Adultos basada en los principios de promoción académica, profesional, personal y social y articulada en tres ciclos formativos equivalentes a las etapas de la extinta Educación General Básica. Igualmente propone la creación de Centros E.P.A. dotados de una infraestructura adecuada, de Círculos de Educación Permanente y Aulas Adscritas.

El advenimiento de la democracia y los contenidos de política educativa de la Constitución de 1978 fueron factores determinantes para que en 1982, el Ministerio de Educación elaborara un documento denominado Bases para una Revisión de las Orientaciones Pedagógicas de la EPA en el que se estudiaba la evolución de la enseñanza de adultos en la década de los años setenta. Cuatro años más tarde se publicó el Libro Blanco de la Educación de Adultos, estudio en el que el mismo Ministerio, tras analizar las diversas experiencias llevadas a cabo en diversas comunidades autónomas desde la entrada en vigor del texto constitucional, proponía unas líneas generales de actuación, muchas de las cuales se plasmarían, años más tarde, en el articulado de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE).

En el último decenio del siglo XX diversas Comunidades Autónomas han creado marcos reguladores del desarrollo de la política de educación del adulto. Andalucía, Cataluña, Galicia y Valencia se han dotado de las correspondientes leyes de Educación/Formación de Personas Adultas, proceso legislativo que probablemente continúe su desarrollo con la extensión de las competencias educativas al resto de Comunidades Autónomas del Estado.

 
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