1. INMIGRACIÓN Y SOLIDARIDAD

1.1. INMIGRACIÓN Y ACOGIDA

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948 asegura el derecho a la emigración. La libertad de movilidad en el interior de un país es algo en lo que todo el mundo está, en principio, de acuerdo ya que es un derecho consustancial a la libertad.

La cuestión fundamental es la de si ese derecho a la emigración implica también el de la movilidad a otro país, y la obligación de éste de aceptarla. Y si los Estados pueden oponerse a ello basándose en la obligación que tienen de mirar por el bienestar de sus ciudadanos (Capel, 2001).

1.1.1. Inmigración y refugio

Por ello, como señala Fernando Troyano (1994), el término inmigrante necesita ser clarificado. Según este autor, los desplazamientos de personas producidos por guerras y catástrofes, encajan con la definición de inmigrante, aunque a este colectivo se le suele denominar refugiados (matiz jurídico).

Pensamos que el concepto de inmigrante que excluye ese matiz jurídico, reúne las siguientes características:

1. Viene al país con cierta vocación de permanencia.
2. Vive de su trabajo por cuenta ajena o propia.
3. Ocupa los sectores más bajos en el mercado de trabajo.

El concepto incluye igualmente a los familiares de las personas que reúnen las características anteriores.

Por su parte, los refugiados tienen generalmente "fundados temores de ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social o por sus opiniones políticas, que se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede o, a causa de lo dicho, no quiere acogerse a la protección de tal país" (Aparicio, 2000: 6).

La Declaración de Cartagena sobre refugiados se basa en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, la Convención Americana de Derechos Humanos, la doctrina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Convención sobre los Refugiados adoptada por la Organización de la Unidad Africana en 1969 (http://www.acnur.org/biblioteca/pdf/0008.pdf.) Dicha Declaración amplía la definición de refugiado contenida en la Convención de 1951, incluyendo a las personas que han huido de su país (...) porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.

En el mundo hay alrededor de 23.000.000 de refugiados. Cerca de 7.300.000 están en Asia, 6.200.000 en África, aproximadamente 7.400.000 en Europa, 1.200.000 en América del Norte, 90.000 en Latinoamérica y Caribe y unos 70.000 en Oceanía. Otros 20 millones más son desplazados dentro de sus propios países y no están reconocidos como refugiados. Entre todos, unos 50 millones, configuran un gigantesco país sin nombre, una sociedad multicultural fragmentada, un mundo diverso, complejo pero también vulnerable, pobre, perseguido. Miles de víctimas en movimiento continúo con las cuales trabaja el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR (http://www.rnw.nl/sp/toolbar/informe_refugiados.html).


Fig. 1. Web de ACNUR en la que se conmemora el XX aniversario de la declaración de Cartagena sobre los refugiados http://www.acnur.org/

Volviendo al término inmigrante, Troyano puntualiza que existen grupos de población que en ocasiones vive voluntariamente en países de los que no son nacionales sin que por ello se les conozcan como inmigrantes. Este es el caso de Mónaco, donde el 66% de su población es extranjera. Ser extranjero es por ello condición necesaria pero no suficiente de la cualidad de inmigrante. En palabras de García y Labraga (1997: 17), un inmigrante es un extranjero pobre o un extranjero que procede de un país pobre o no desarrollado.

 

 
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